20160823

Programa radial Círculo D.M. 25.08.2016



El invitado de esta noche es el incomparable tropical minimalista DJ Pinchado, directo sin escala desde el barrio de La Boca!

Disfrutaremos del sabor musical de Dj Rengo Estar (DJ de moda), además de la acostumbrada agenda cultural.
La gente que desee seguir practicando su holandés lo pueden hacer a través de nuestro blog y también es interesante que visiten STATION NEDERLANDS y LEEF EN LEER.

Para el mes de agosto regalamos el libro titulado "Kafka y La tragedia judía" de Sultana Wahnón. Los interesados pueden escribirnos antes del 28 de agosto a d.circulo@gmail.com indicando que quieren participar en el sorteo. BONUS: este  mes regalamos también un cd de Kekoyoma, titulado 'Propaganda'.

CíRCULO D.M. jueves 20.00-21.00 hrs. cable 104.6 & éter 99.4 F.M.WERELD FM. También nos pueden escuchar online via nuestro blog http://circulo-dilecto.blogspot.nl/ 
Durante la emisión del programa nos pueden llamar al 020.7884328.

Diseñador inmaterial: Rómulo Meléndez
Locución y conducción: Giorgio Puchetta & DJ Rengo Estar  (DJ de moda).

Nuestro twitter es @dcirculo y también nos pueden encontrar en Facebook como CíRCULO D.M. PROGRAMA RADIAL. CíRCULO D.M.

Para muestra un botón. Post-chicha Borrachito Borrachón del legendario grupo Los Shapis! Achórate!

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20160821

Atención ingenieros peruanos


Se hace de conocimiento de la Comunidad Peruana residente en el Reino de los Países Bajos que “La Red Peruana de Ingenieros en Europa” ha solicitado difundir la siguiente convocatoria:
“Estimados Ingenieros Peruanos residentes en Holanda:
Tengo el agrado de emitir esta convocatoria por encargo de la Red Peruana de Ingenieros Peruanos en Europa. Organización que se encuentra coordinada por ingenieros peruanos de diversas ciudades de Europa, faltando en Holanda más ingenieros que deseen colaborar ó proponer temas para el desarrollo de la Ingeniería.
Más información pueden encontrarla en la web http://www.redeuropeaingenierosperuanos.com/”. AL FONDO HAY SITIO. CíRCULO D.M.

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Conferencia: Gastronomía con eñe


Una ruta gastronómica por la literatura en español, por el escritor peruano Jorge Eduardo Benavides en Utrecht (Instituto Cervantes), 19:00 h Entrada: gratis. 

Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, Perú, 1964) Luego de estudios universitarios en Lima, desde 1991 hasta el 2002 vivió en Tenerife, donde fundó y dirigió el taller de narrativa Entrelíneas. Reside actualmente en Madrid. Entre sus principales obras están las novelas -publicadas por Alfaguara- “Los años inútiles” (2002), “El año que rompí contigo” (2003), “Un millón de soles” (2007), “La paz de los vencidos” (2009, premio Julio Ramón Ribeyro de novela corta), “Un asunto sentimental” (2012) y “El enigma del convento” (2014, galardonada con el XXV premio de novela Torrente Ballester). Ha sido traducido al francés y al inglés. Como profesor de escritura creativa y talleres de creación literaria, ha impartido seminarios y cursos en universidades de Madrid, Granada, La Coruña, Lima, Boston (Harvard), Brown, Miami, Ginebra, Viena y Green Bay (Wisconsin). Ha llevado talleres en centros culturales de Pekín, Albuquerque, Shanghai y París, entre otros. Dirigió el curso de escritura creativa On Line del Boomeran (Grupo Prisa): www.elboomeran.com hasta el año 2009. Actualmente dirige el Centro de Formación de Novelistas (www.cfnovelistas.com) y colabora con diversos medios informativos y culturales como El País, Letras Libres, Eñe y la revista Mercurio. AGENDA CULTURAL. CíRCULO D.M.

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20160819

Poetas en Provenza




      Cuando me puse en contacto con Papá Torres, el primer y último poeta colombiano veterinario de la historia universal, soñé que tomaba desayuno con tamales, chicharrón, mote, té, café, leche, pan con mantequilla, pan con mermelada, pan francés, jamón, jamonada, huevos duros, huevos fritos, salchicha, mortadela, cachangas, humitas, yuca frita, tamalitos verdes, pescao frito, tacu tacu con su huevito montao, palta, lomito, atún con cebolla y su respectivo limoncito, ¿aló  aló? ¿Papá Torres? ¡Quiubo mijo! ¡Ya vamos rumbo al sol del sur! ¡Ah! ¡Cuánto me alegro! digo, pero no podré darles un abrazo de amistosa bienvenida, ¿y eso, mijo? Porque aquí en el sur uno recibe a los amigos con los brazos repletos de botellas de rosé y de pastís, ¡si los abrazo se me caen! Ja ja ja se ríe el poeta, bueno, mijo, llegamos a Marsella el domingo 31 o el lunes primero de agosto, un abrazo, igual pa ti, ¡y me saludas a Rosalba!
      La pareja colomboparisina fue albergada, primero, en casa de Yaneth y Ernesto, la pasaron super bien, cebiches y pollos al forno, playas y museos, chuletas a la mostaza y sobrebarrigas, y cuando los vi llegar me admiré de su increíble blancura made in Chiquinquirá, departamento de Boyacá, Colombia tierra querida. Lo demás, como la vida, pasa muy rápido, tomar apuntes como tomar una copa de rosé es el arte supremo, digo y repito, lunes en la ciudad de los Peroles, carpaccio y lago, domingo noche pizzas diversas y vinos diversos y mucha risa con la pareja, con el Vecino y mi Lechón, chez Maurice. Lunes en Jouques, Jouques en la claridad total, el lago en la mente, la estación de trenes de la antigüedad, la iglesia, el cementerio, los cipreses, de nuevo el agua saltando entre las piedras. Y yo anoto: Alexandre, el carnicero de la Maison Giraud, ya no está en la ciudad o pueblo de los Peroles, se mudó a Jouques. Otro día, anoto: caminando por Aix o mejor dicho Sex-en-Provence, Papá Torres busca la sombrita, es que se le olvidó el sombrerito, para que Don Sol no le achicharre la calvita, destejido de gorra o azotea apenas semicubierta. Sigo anotando: el domingo, fríjoles con Cristo y Cristito. Sigo anotando: la cena del jueves en casa de Dalia y Remi. Sigo anotando: Lulú es el gato que habla. Sigo anotando: carajo, ya me veía como salvavidas en el trabajo de la piscina, ya me quería hacer la manicure, la pedicure, el corte de pelo aerodinámico, planchas, abdominales, quemando grasa a full, depilación no porque el indio aquí presente no necesita, más pelos tiene una bola de billar. Sigo anotando: una frase que dijo Cristo: ir a Ibiza para pichar con holandesas. Al final el trabajo es de ayudante de piscinero, caballero. Yo ya me veía en un puesto de untador de bronceador para chicas y chiquillas entre diesciocho y ochenta, caballero. Sigo anotando: el castillo de Momó, la cena de recepción, el mismo día, ese sábado, por el cumple de Mary, con Augusto, la comadre Gina y toda la familia, rica comida, ricos vinos. Otra nota: los elementos del desayuno. Otra: búsqueda infructuosa de nubes. Otra: Lulú, el gato que habla, dormitando en el macetero, flechado por la luz de las diez. Ese mismo sábado, antes de que llegaran Papá y Albita, anoté: sensación de riqueza planetaria, astral, disponer de cada instante del santo día de hoy como yo quiera, y el señor Mistral barrendero barre y barre, unos algodones por aquí, unos algodones por allá, rumbo a Oriente o a la nada, ¡ahora ya no queda ni el fantasma o el espectro de una nube! Me asomo a la ventana y anoto: mirlos en frac dando brinquitos en el jardín, junto al rumor veloz de la autopista. Sábanas flotando en el cordel, son fantasmas ligeros. Detrás, la página de este cielo de volframio.
      Pero este domingo les digo: Papá, vayamos a Vauvenargues, al castillo de Picasso. Y aquí estamos, mirando y admirando los paisajes o mejor dicho el perfil de la Montaña mágica vista desde aquí, sus flancos. Hay una simpática pareja, rubios los dos. El pata mastica su español y se luce delante de su hembrita, hablando con nosotros, vienen de la Dordogne, creo, o de más arriba, y están, como nosotros, de vacaciones. El pata es un típico o arquetípico representante de la pedantería, pero con nosotros se jodió, Papá y yo somos poetas mamagallistas. La hembrita debe tener unos cuarentaicinco, está buenaza aunque ya bastante arrugadita, y el poeta de Chiquinquirá observa: Mijo, tiene más teticas el pelao que la india, y Albita y Johnny ¡Juá juá juá! ¡Ja ja ja! ¡Ji ji ji! Ja ja ja!, desplegando zigomáticos a mandíbula batiente, como diría el Reader’s Digest, la risa, remedio infalible, enriquezca su risa en Vauvenargues, mira Papá, mira Albita digo, aquí está el hombre, se llama Luc de Clapiers, Marqués de Vauvenargues, hermoso escritor, filósofo, moralista sin moralina, contemporáneo del Duque de La Rochefoucauld, pobrecito el Marqués, murió jovencito, ¡apenas de treinta y dos añitos! Ese era su castillo. Bueno, no sé si lo era, pero no importa. Picasso, luqueado como pocos, lo compró por unos pocos millones. Y allá mismo está enterrado el pintor, allá, allacito, ¿ven?, entre robles y cipreses, Paloma su hija venía de cuando en cuando en un convertible inglés con galán argentino incorporado, ella es la heredera, si no se han muerto ya deben estar bien viejitos, ¡Salud por esta vida pasajera, Papá! ¡Salud por el Marqués de Vauvenargues! ¡Salud por el Duque de La Rochefoucault! ¡Salú por nosotros! ¡Salú, mijo! ¡Ah! digo ¡ojalá que tengamos tiempo! ¡También podríamos visitar el castillo del divino Marqués de Sade en un pueblo llamado Lacoste, como la famosa marca de ropa! ¡Un millonario o multimillonario creo que suizo o alemán hizo reconstruir su castillo piedra por piedra! ¡Quedó igualito! ¡Y existe también allí cerquita el Bar Café así llamado, Sade!

Nota : en la ciudad de los Peroles, rodajas de atún a la plancha.

      Por la cheno, el poeta me informa, venga mijo, mire, ¡Colombia tuvo un presidente negro! Ah bon ? Ah oui ? ¿Negro negro o fifty fifty como Obama? me intereso y concluyo: sinceramente, me extrañaría, y como dice Fernando Vallejo, Colombia tierra querida es el país de los uribitos y los turbaicitos, de los pastranitas y de los santitos, o sea de los blancos, el país de los conservadores y los liberales, de los doctores, ladrones e hijoeputas. Mijo, repite Papá, ¡le digo que Colombia tuvo un presidente negro! ¡O mejor dicho afrodescendiente! ¡Se llamaba Juan José Nieto Gil! ¡Mírelo aquí! Y yo ji ji ji ja ja ja juá juá juá, ¿otro rosé? Mientras tanto, Albita confecciona un ensaladón delicioso que incluye repollo, calienta arroz con fríjoles estilo moros y cristianos, y tremendos bifes de res, que yo preparo al estilo French… ¡Un salucito por Juan José Nieto Gil!

Nota: el ¡Hahhhh! admirativo de Augusto. Por ejemplo: estábamos pasando cerca de Bandol, entramos a una cava, nos dieron aperitivos y un vino rosé… ¡Hahhhh! Muy bien, digo. Hay que conservar la capacidad de maravillarse, como ciertos poetas en sus mejores momentos. Sólo el amor. Sólo el placer. Sólo lo mejor de la vida. Lo demás son cojudeces.

      Al día siguiente, antes de ir a la panadería en busca de baguets y cruasáns, el poeta de Chiquinquirá, recogiendo una prenda, dice: ¿y ésto, mijo? ¡Yo qué sé! digo. El estaba duchándose… ¡Dos minuticos y salgo, mijo! ¡Ah! ¡Son mis calzoncillos! dice ¡Son los calzoncillos de Caifás! ¡Anoche Caifás estaba feliz y verraquito! ¡Vino Caifás, vio a su india y ¡tin! Y yo ja ja ja juá juá juá. El poeta se autollama Caifás, y su miembro Matías, como el evangelista, ¡tin! Al día siguiente, como se demoraban en una excursión que después fue calificada de « chimba », yo lo llamé: ¿Y entonces? ¿Dónde estás, Caifás? Ya llegamos, mijo. Y llegan. Y me doy cuenta que el poeta veterinario está furioso, habla pestes de la guía de la excursión, una vieja hijoeputa que hablaba como una lora, excursión que, como ya dijimos, fue chimba en el mal sentido de la palabra, porque en Colombia tierra querida también se dice ¡es la chimba! y es algo super elogioso y positivo. De pronto, el poeta y Albita hablan de tatuajes en las páginas del cuerpo humano, monstruo cubierto de piel. La verdad, Jorge odia los tatuajes, se habla de los marinos de antes, de los presidiarios de antes, del aspecto medio delincuencial del tatuaje, todos los marineros de tatuaban, pero, concluye, nada de alacranitos para el capitán, ¡el capitán no iba a tatuarse ni por el hijoeputa!
      Al día siguiente, la gata Luna se meó en la cama del poeta, Albita educada dijo pasó un incidente, ¿qué pasó, Papá?, ¡pasó que la hijoeputa gata se mió en la cama, mijo! Yo me fui a acostar y de pronto siento una humedad en la espalda… Eso lo hace por joder, digo, se siente desplazada, tiene la costumbre de dormir en esa cama, pero no pasa nada, Albita puso las sábanas en la lavadora, bueno, vamos, salgamos. Avenue des Belges. La hermosa fuente de la divina ciudad de Aix-en-Provence, que yo llamo la Fuente de los querubines paganos y de los leones. Nos aparcamos fácilmente, el poeta es un chofer impecable. Hablamos y hablamos. De pronto, me doy cuenta de que estamos entrando en la claridad de otro día tan indescriptible como el día de hoy, culitos a la izquierda, culitos a la derecha, adelante de nosotros profusión de culitos, y también detrás, los ojitos de los poetas vuelan hacia ellos pero nos hacemos los huevones por respeto a Albita, habla que te habla, hablo del trabajo de ayudante de piscinero y, sabiamente, el poeta dice: ¡mijo, esos compromisos chimbos, a la hora del té no valen un culo! ¡Siga escribiendo, mijo! ¡Siga escribiendo! ¿Y qué pasó con Piquiña? ¡Llame a Cristo! Es que andábamos buscando la santidad de la mariguana. Como ya no vivo en Sex, perdí los contactos. Nuestra única esperanza era Cristo, o, mejor dicho su hijo, Piquiña, pero nada. Piquiña se voló. Y Papá Torres, resignado, dice o mejor dicho exclama: ¡Piquiña y el material de guerra se perdieron en el Mediterráneo! La mente vuela. Vuelvo hacia otras lunas y hacia otros soles, días atrás en la ciudad de los Peroles, tipo siete, apertivo en el hermoso Bar de Jeanne con el Vecino y con Denis. Al día siguiente, como ya dijimos, carpaccio con el poeta y Albita, que estaba medio emputada. Vamos a visitar la tumba de Albert Camus, digo, vamos a Lourmarin, está muy cerca, vamos, y fuimos, y aquí estamos, amigos, en Lourmarin de los cielos. Estamos buscando la simple piedra del Príncipe cantor. Simone de Beauvoir era una super mamacita que lo daba, le digo a Papá, ¡de pronto se lo dio a René Char! El poeta opina que la mejor obra de Sartre, ese genio huevonazo, es Las Palabras. Pero recién estamos llegando a Lourmarin. ¿Y dónde se mató el hombre, mijo? ¡Aquí! ¡Contra este árbol! –venimos de Cucuron rumbo al reino del Príncipe cantor– ¡Aquí mismo! ¡El mito de Sísifo! ¡El hombre rebelde! ¡El extranjero! ¡La peste! ¡El exilio y el reino! ¡Calígula! Y aquí estamos, en Lourmarin de los cielos, frente a la tumba del escritor, del filósofo, del poeta, del gran hombre. El cielo tiene la perfección de sí mismo con algo de lavanda. Los cipreses son los guachimanes del ser. Sopla una brisita. Buscamos la tumba de Camus… ¡Aquí está! No soy propenso a este tipo de emociones medio necrofilicas, o al menos eso creo, cuando medio se me escapa una lagrimita, me hago el huevón, luego solapa me arrodillo frente al Príncipe cantor. Es muy pero muy emocionante. Un admirador le ha dejado un papelito que dice, Monsieur, avec vous je suis l’étranger, cuando habla el vientecito de Provenza, aquí, en la eternidad de Lourmarin. Ahora que esto escribo, amigos, se me vuelven a parar los pelos de la emoción y de la sensación. A derecha e izquierda, vemos super criptas, super catafalcos, super piedras de vanidosos esqueletos… ¡Hace años que no venía por aquí ! ¿Ves que no se ve casi nada, Papá? ¡Un simple rectángulo de piedra provenzal cubierta con el terciopelo negruzco del teimpo! La que duerme al ladito debe ser su esposa. Estamos mudos pero nos tomamos fotos. Y el cielo dice, miren y admiren, ¡esta es la tumba de Albert Camus, el Príncipe cantor! ¡Una de las más preclaras inteligencias de la puta Tierra! ¡La sabiduría ancestral de la raza humana no se desviará de su curso por una aventura que ocurrió en Galilea! Amate a tí mismo, ama a la vida, ama al hombre, ama a la mujer, ama a los transexuales, ama a los travestis, ama a la muerte si puedes, ama y punto, ama el instante del cielo de Provenza, lo demás son cojudeces, gracias Príncipe Albert. Y dice Albert: no ames tanto a la belleza fuera de tí, ni a pintores, ni a poetas, ni a escultores, ni a músicos, somos simples mensajeros, ama más bien la capacidad de belleza que hay en ti. Qué maravilla de silencio. Después de tanto ji ji ji ja ja ja juá juá juá, nos envuelve la maravilla de maravillas, que es el silencio interno. Los cipreses centenarios de este hermoso cementerio se mecen, memento homo quia pulvem est et in pulverem reverteris. No hay contraste entre las tumbas enmohecidas, entre las criptas enmohecidas, entre los catafalcos enmohecidos y este cielo. Mugre y cielo son iguales, recién me doy cuenta. Ahora, medio aturdidos, salimos del cementerio, repletos de nada, llenos de silencio. Y hace una sed inmensa. Y yo digo, Papá, vayamos a dar una vuelta por el castillo, vayamos a ver los nenúfares del jardín, y el poeta dice ¿para qué ver tanta piedra, mijo? ¡Tengo una sed del hijoeputa! ¡Vayamos al pueblo! De todas maneras le dimos un vistazo al hermoso castillo, vimos los nenúfares, los tremendos peces gordos boqueando en el estanque, el pueblo allá, el estadio de fútbol donde jugaba el Príncipe cantor, de nuevo el cielo huérfano de nubes. Aquí venían Camus, Sartre, Simone de Beauvoir y René Char, a este bar, ahora ha cambiado, la última vez que vine habían citas de los libros de Camus en las paredes, ¿te imaginas?, es posible que en este instante preciso, en todo el planeta, sólo tú y yo estemos recordándolo con tanto cariño, Papá, junto con estos colores ocres, junto con estos colores violetas, junto con estas vacaciones de cuerpo y mente, ¡hagamos un salú por eso! ¿Chela o rosé? ¡Chela! dice el poeta. Y yo me autosorprendo pensando en mi primera mujer, aquí pasamos nuestra luna de miel, mi yo aquel no podía creer en tanta consagración de la belleza, pichando y pichando con tremenda mona franchute ojiazul en las alturas de Lourmarin, rue des Castellas, vista al reloj del pueblo, chocloc, chocloc, chocloc, ¡tin! ¡Tin! ¡Tin!, salto del tigre con patada al foco en el apogeo de nuestra primera juventud, ¡Tin!, qué belleza, juventud divino tesoro tú me diste tu desesperación y yo la transformé en oro, ¡Y ya pasó tanto tiempo, Príncipe cantor! ¡Te imaginamos leyendo a Baudelaire! ¡Te imaginamos leyendo a Rimbaud! ¡Te imaginamos leyendo a Nerval, aquí, en Cucuron! Aquí también veníamos a pichar le digo a Papá, ¡Tin! ¡Tin! ¡Tin!, admiramos los altísimos álamos centenarios, la paz del estanque en su rectángulo de piedra, la serenidad como una flor, como un nenúfar, de nuevo el bar restorán, el poeta se llama Caifás, el suscrito se llama Gedeón y el juguete principal se llama Lucas, como el Pato y como el médico evangelista, sigo medio nostálgico pensando en esos momentos divinos, ¿ya ves? ¿Qué te decía una noche como ésta? ¡Ya pasaron más de treinta años, Sophie! ¿Te acuerdas de Ronsard? ¿Te acuerdas de René Char y de mi muy querido Antonino Artaud? Pero sigamos. Seamos dignos de la majestad del Luberón tan sereno, tan eterno, tan suave. Seamos idénticos al cielo de hoy y de nunca jamás, le digo a Papá al día siguiente en el Tholonet, cuando de nuevo andábamos persiguiendo a Paul Cézanne por iniciativa de Albita, oiga mijo dice Papá, allá en Lourmarin ese bar no era el bar de Camus, el Príncipe cantor, y yo me río ja ja ja, ya visitamos las faldas de la Montaña mágica, nos hemos acercado mucho a ella, ahora estamos sedientos después de la caminata, pedruzcones megalíticos, patios donde cabalgaban los dinosaurios, mejor dicho los brontosaurios, traca trán, traca trán, traca trán como en Jurassic Park, eso de que era el Bar de Camus era mamadera de gallo, y yo ji ji ji ja ja ja, ¡juá! ¡Juá! ¡Juá!, pero ahora sí vamos a un sitio muy especial digo, y aquí estamos, estamos instalados esta tarde de verano del día de hoy y de nunca jamás, en el Bar restorán Cézanne, aquí venían Paul  Cézanne y Emile Zola digo, venían a tomarse sus rosés, sus pastises, sus chelas, Jorge es Heráclito de Efeso, el suscrito es Anacreonte, ji ji ji, ja ja ja, llegan las chelas, todavía sentimos la respiración de la Montaña, cuando llega Hércules con bastón, ¡ja ja ja, juá juá juá! El poeta de Chiquinquirá, departamento de Boyacá, Colombia tierra querida es, como se dice allá, un gran mamagallista y un gran burlón, como el indio aquí presente, de pronto por eso congeniamos también. Volteo la cabeza como un periscopio y de verdad veo a Hércules. Medio bronceadito, barba de hércules, tremendo pechote, tremendas piernas de ciclista, muy digno, Hércules pasa junto a nosotros con su pareja y un chiquillo, probablemente engendro suyo, y nosotros ja ja ja ¡juá juá juá! Hércules medio cojeaba, se apoyaba en una muleta o mulata, estaba contento y se reía, era un hércules de Provenza, felizmente que no entendía el hispanish, sino nos saca al fresco. A izquierda y derecha, atrás y adelante flotaban tremendos culitos, qué increíble, ya ves Papá, qué fauna tan indescriptible, ¡qué culitos indescriptibles!, por eso llamo a esta ciudad Sex-en-Provence.

     Al día siguiente, el poeta y Albita se fueron a caminar por otros senderos de Cézanne. De regreso, Jorge se entusiasma con pulpitos, con almejas, con calamares, con gambas, con camarones, con filetes de pescado diversos, al final confecciono un cebichito de camarones y el poet  a se comió las cabezas que yo quería botar, se las chupó una por una, como en la antigüedad, allá en Efeso o de pronto en el Peloponeso. Por la noche, era el cumpleaños de mi Lechón que ya no quiere serlo, llegó muy linda pero distante, y el indio se emborrachó y la cagó, se me salió el indio malo, el temible, cuando el poeta dice: oiga, mijo, ¿le va a dar camonte o carmaño? ¿Un huevo de este porte? ¿O una chimba de este tamaño? La vieja se mamó del indio, digo, la cagué pero ella sabe  por qué. Ah, maestra vida. El indio la cagó de nuevo. El indio sigue queriendo a su chanchito blanco franchute, pero por el momento, caballero. Papá, digo, ¡se mamó la vieja! ¿Y ahora? ¿Manuela o qué? ¿O le pregunto a Cézanne o al viejo Van Gogh? Eso sí, yo no me corto una oreja ni cagando. Después, mientras Albita visitaba museos, nosotros le dijimos, Albita, te esperamos en Les Deux Garçons, donde ahora estamos tomando chelas muy importantes. Luego, pastís en la Place de la Mairie. De pronto, siento que Henry Miller está aquí, con nosotros, muy presente en mi mente, estamos en el Bar des PTT. Soy un poeta perucho, maestro, digo cuando llegan los pastises. Música. Primos negros, intérpretes excelentes. Y las bellas viejas pasando y pasando, impunemente, bajo el cielo de Provenza. ¡Qué linda música! Albita disfruta sin decirlo, pero disfruta. Papá poeta de Chiquinquirá dice que jode, pero, ¿qué mujer no jode? ¿Y uno? ¿Acaso uno no jode, y bien? Teoría de la relatividad de los corazoncitos, esos bobitos más tragados que media de bobo, allá, en Colombia tierra querida, y aquí en Sex-en-Provence. Rue de la Verrerie. Restorán El Saigón, en la rue de l’Aumonerie Vieille, allá vamos, pero antes entramos a una galería de arte, qué increíble, como pedro por su casa, simpatizamos con Mariam, con Alice, el poeta medio recita, las chicas boquiabiertas, yo ya medio borrachín digo que todo, absolutamente todo, me importa un culo, no quiero ni celebridad, ni fama, ce que je veux, moi, c’est la gloire ! Las chicas se cagan de risa, los artistas son unos locos, dicen, vengan cuando quieran. Magnífica cena en el Saigón, rollitos de primavera y tres carnes diferentes en su respectiva salsa, vino tinto, digestivos con licor de cobra. Al día siguiente, el poeta dice, mijo, ¡me siento como una avispa! ¡Me siento como el Avispón Verde! ¡Bien verraquito! ¡Como un Quintanita! ¡Rumbo al podio de París, mijo! ¡Gracias por todo!SIN VéRTEBRAS. CíRCULO D.M.

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20160816

Programa radial Círculo D.M. 18.08.2016


Hoy nos acompaña el músico de origen chileno Mario Salgado, quien hace una pausa en su gira por europa.

Disfrutaremos del sabor musical de Dj Rengo Estar (DJ de moda), además de la acostumbrada agenda cultural.

La gente que desee seguir practicando su holandés lo pueden hacer a través de nuestro blog y también es interesante que visiten STATION NEDERLANDS y LEEF EN LEER.

Para el mes de agosto regalamos el libro titulado "Kafka y La tragedia judía" de Sultana Wahnón. Los interesados pueden escribirnos antes del 28 de agosto a d.circulo@gmail.com indicando que quieren participar en el sorteo. BONUS: este  mes regalamos también un cd de Kekoyoma, titulado 'Propaganda'.

CíRCULO D.M. jueves 20.00-21.00 hrs. cable 104.6 & éter 99.4 F.M.WERELD FM. También nos pueden escuchar online via nuestro blog http://circulo-dilecto.blogspot.nl/ 
Durante la emisión del programa nos pueden llamar al 020.7884328.

Diseñador inmaterial: Rómulo Meléndez
Locución y conducción: Irene Dammers & DJ Rengo Estar  (DJ de moda).

Nuestro twitter es @dcirculo y también nos pueden encontrar en Facebook como CíRCULO D.M. PROGRAMA RADIAL. CíRCULO D.M.

L.S.
POR RAZONES TéCNICAS NO SE LOGRó EMITIR ESTE PROGRAMA. LO SENTIMOS.

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Generación Cochebomba



por Luciano Delillo.

En una Casa del Libro, en la península ibérica, encontré una joya. El último ejemplar de Generación Cochebomba, del escritor peruano hincha de Alianza Lima, Martín Roldán.

Comí el texto en pocos días. El libro trata los ochentas y parte de los noventas. Cómo vivió la juventud limeña éstos años? Entre apagones y sesiones de mixtos y grifa volví a mí época. La de los sin-futuro. Dónde muchos andaban con chancabuques, unos por convicción y otros por lealtad y disciplina.


Con el libro te paseas por una Lima que huele a mierda y dinamita. No puedo dejar de evocar las noches en el cine Ritz, dónde gratuitamente te la chupaban en los baños, dónde buscando calor y una butaca para dormir tomábamos hasta la desesperación.
El Ritz, lugar seguro cerca de la prefectura, dónde también iban los policias a dormir cuando las camas se habían terminado, en el palomar.


Eché de menos los comedores populares, dónde por una luca te servían un menú con postre (manzanita podrida). O el local de los búfalos dónde muchas veces iba a defecar donde se tenía que orinar.


Jóvenes sin futuro en medio y miedo  de la violencia del estado y de grupos armados subversivos. Y de cortesía la violencia de la delincuencia común.


El que podía salía del Perú como sea, prestando dinero, vendiendo su casa y en muchos casos enamorando a extranjeros. Todo valía para salvarse de la psicosis total. En mi caso duró aún estando ya a salvo en un país frío y lejano.


Los personajes tienen las mismas chapas que muchos amigos, Treblinka, Desperdicio, Nada. Gente joven, amante de música alternativa y buena merca.
Recuerdo ahora a Cara de Jarra, Tóxico, Jamonada, Apestacaca, Ácido, Juanacha, Bocón y otra gente que como en el libro van desapareciendo atrapados por el sistema y por si mismos, por la guerra, porque vivimos en guerra comiendo mierda y matándonos como animales.

Generación Cochebomba es un libro clave para todos los que fueron jóvenes en los ochentas y para todos que quieran saber como se vivió la tensión de Tarata, El Sexto, Barrios Altos y otros que hasta ahora seguirán camuflados. LIBRORUM NOVO. CíRCULO D.M.

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20160813

Vacaciones



por Luciano Delillo.

Siempre he vivido con un sueldo de mierda.


Desde hace poco más de una década vivo en Ámsterdam  y mi vida no ha cambiado mucho, excepto de trabajar menos, con tres días de ocho horas puedo vivir y alimentar a mis tres críos y de pasadita a las tres mascotas: un perro, una gata ronron y un loro llamado Baretta. Pero no me queda mucho villegas para ir de vacaciones. Este sustantivo recién lo conocí en europa.


Para mí las vacaciones eran estar en casa, lavar los platos, comprar en la paradita, apio-poro- zapallo (verdura completa), pelear con mis enemigos “Los Simios” de la calle paralela a nuestra casa, o en el peor de los casos andar escondido como gato saltando por lo techos de Eternit para que los correazos no me llegarán a tocar, cuando me portaba mal. Otras veces me iba yo solo con dirección a Atocongo a visitar la cueva del pescador o esperar hasta que nuevamente un auto sea desmantelado, luego de haber sido robado.


En las noches jugábamos a las escondidas, cuando el motor de Estremadoyro había cumplido su misión, a eso de las 23.00 horas La Tablada se silenciaba lentamente.


Estando ya en europa traté una vez de acampar al estilo Holandés. No fue un éxito. Para empezar el colchón que habíamos comprado era más grande que la carpa. Los zancudos se encargaban de destruir mis extremidades inferiores, al aire libre. Escogimos el sur de España. No fue una buena idea, la temperatura promedio era de 40 grados centígrados. Nos tostamos vivos y casi tiré la toalla. Para no hablar de comer en cuclillas con arena de cortesía. Esta fue mi primera y única experiencia con el camping.


La única opción era posible. Cambio de casa, gratis.


Lo hacemos desde hace seis años y cada vez escogemos un país diferente. Las casas que nos toca son siempre más grandes que la nuestra. Ahora por ejemplo estamos en una inmensa casa con piscina individual verídica, barbacoa, muebles de jardín y con vista a una montaña. Hace buen clima y dormimos como reyes y comemos como gente y lo que gastaríamos en alquilar lo usamos para visitar museos y hacer deporte outdoor.


Lo único en lo que no tienes que pensar es que la gente con quien hiciste el cambio de casa, va a usar también todas tus cosas, copular en tu cama y lo peor de todo podría ser que lean un libro de tu hermética biblioteca y no lo dejen en su lugar. CAVILACIONES. CíRCULO D.M.

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20160811

Tombo de la frontera


     ¡España! ¡España la bella! Te paso un cordial saludo aquí, ya terminando este libro, tombo de la frontera. Anoche, en sueños, estaba llegando a España como la primera vez, por el lado de Bayona y Biarritz, a una playa hermosa en San Juan de Luz, a un restaurante vasco en Irún, luego a la felicidad en San Sebastián Donostia, con una mujer amada, cuando se me apareció el tombo de la frontera.
  Me resulta muy grato y fácil, ahora, resuscitar los muchos instantes, horas y hasta días enteros de felicidad pura, que he sentido cada vez en España, o cada vez que voy a España, incluyendo el ingrato tropezón con el tombo de la frontera. No conozco mucho España, broder, y sólo estuve pocas veces a pesar de vivir tan cerca, pero cada vez que vuelvo con los recuerdos, encuentro formas de la felicidad.
  Sin ser presumido, presumo que es por el idioma y otras cositas también, pero sobre todo por la música del idioma tal como yo la siento. Por eso me quedé medio pensativo cuando leí eso que dijiste, eso de que la única patria es el castellano. Yo pensaba que te referías a eso del castellano castizo de Castilla. Si así es, no estoy de acuerdo. Si te refieres a lo interno, digamos al corpus sutil musical, entonces sí. Es que, poéticamente hablando, todo idioma tiene su oro. En pepitas, en lingotes, en bloques. Todos y cada uno de los idiomas vivos y muertos. El persa, el latín, el birmano, el griego, el sánscrito, el hebreo, el bambará, el zulú, el gaélico, el quechua, el navajo, el yoruba, el occitano, el aymara, el mandingo, el hindi, el bantú, el nahuatl, el wolof, por no mencionar sino unos cuantos.
  Cierta vez un tombo atolondrado, bruto como Pedro, me bajó del tren, broder, y no me dejaron entrar a mi España bella, a mi España del idioma con su música por dentro. Por pudor, no te contaré cómo me trataron, ni cómo me insultaron, ni lo que me hicieron. Cuando uno recibe insultos, por instinto responde con insultos. Este incidente que te cuento tiene, pues, su importancia y su misterio. Es verdad que yo también lo insulté con palabras feroces, qué ironía de mi suerte, pero escondido detrás de los policías franceses de la frontera, protegido por éstos, y ahora me da pesar aunque no me arrepiento. Bien merecido se lo tenían por conchesumadres, por huevonazos, por tarados, por bestias. Ya ves, broder. Cada vez que se me sale un insulto, la verdad, me flagelo y arrepiento por ser huevonazo, por ser bestia. Retiro los insultos, pues.
  Lo más penoso, te cuento, es que uno de los tombos, el tombo de la frontera, era igualito, gordito, con bigotito, bien blancón, medio narizón, a mi tío Carlos, el hijo de mi tía Virginia que descansa para siempre, que ya no necesita del dios que murió con ella. ¿El perdón? ¿Perdonar? Pienso que perdonar es una estupidez. Pienso que el famoso perdón es una maniobra del ego. Pienso que ni siquiera al dios, al dios que tenemos adentro, se le ocurriría perdonar. La palabra es liberación. Retiro la lepra del insulto, simplemente, para liberarme de ella, para borrar el sentimiento de humillación, que también es una maniobra del ego, tombo de la frontera.
  He venido a Europa en busca del oro de Francia, pues el de España ya lo tengo. Lo digo muy sereno. Lo digo muy en serio. Lo digo contento y no te miento. Porque España es mía, te cuento. A España la tengo hasta en el ácido desóxido ribonucléico por vía de parientes y ancestros. Por respeto y amor a estos parientes y ancestros, pues, le pido perdón al falso tío de la frontera. Humildemente te pido perdón, tombo de la frontera. Humildemente te pido perdón y no miento. Tengo piedad de mí, eso es todo. Tengo piedad y misericordia por el vanidoso esperpento que sigo siendo. Allá, en el Reino, siento que pertenezco a la tierra, no ella a mí. Aquí, en Europa, es al revés, siento que estas tierras me pertenecen, que le pertenecen al indeseable meteco. Así, soy también el dueño de Francia. Hablo del oro del idioma, que es la poesía, por supuesto. Hablo del oro de la cultura, por supuesto.
  He venido a Francia como un musulmán a La Meca, por esto de la literatura. He venido a Francia para aprender de ciertos poetas predilectos, para mejorarme todo lo que pueda en este arte nuestro. Lo España es otro tipo de camote, broder, por lo que ya dije, por eso del idioma y su música por dentro. Como en la metáfora de Wilde, yo siento el idioma como un instrumento musical, digamos una guitarra. Y esa vez, cuando no me dejaron entrar, como todas las anteriores, yo iba a España con mi guitarra, para sumergirla en las aguas plateadas del idioma, para un ajuste de cuerdas, de vibración, de armonía, porque cada vez que voy a España siento mi voz de cantante afinarse por arte de magia. Si voy a España, el dios del idioma entra en mí, como aquella primera vez.
  Uno es feliz junto a la mujer que ama, y es que uno va rumbo a España. Las cuerdas sensibles del idioma empiezan a vibrar. Partimos de Aix rumbo a España. Veo colores. Colores, siempre. El paisaje simple de hoy, de aquella vez quiero decir, tal vez en marzo o abril del 91, con la mujer que uno ama, cuando, no sé cómo, me doy cuenta que no hay « bueno » versus « malo », « arriba » versus « abajo », « superior » versus « inferior », « día » versus « noche », cuando soy conciente de esa forma de pensar, cuando esa manera de pensar está por relativizarse, de pronto por disolverse. « Sólo hay distancias, latitudes, hemisferios y cielos distintos », pienso. Soy muy joven. Todavía no he cumplido treinta años y me creo la última Coca-Cola del desierto. Pienso en esta vaina del ego, de la presunción, de la pedantería, de mi detestable arrogancia. Supongo –y lo anoto– que el ego no es necesariamente negativo, que obviamente tiene su razón de ser; pero que la presunción, la pedantería y mi detestable arrogancia, son ilusiones perversas que proyecta el dios en mis adentros. La verdad es que me hice tantas ilusiones, precisamente, sobre mis supuestos dones poéticos. La verdad es que apenas he logrado escribir una novelucha, unos cuantos poemas, y ya me creo la última Coca-Cola del desierto. Simplemente, no es cierto. Y es tan difícil aceptar que no es cierto, ese día, yendo a España con la mujer que uno ama. Esto pienso. Esto acepto. Que el objetivo todavía está lejos, tan lejos. Esto acepto en el tren, con la mano rubia del sol en mi frente. Uno está con la mujer que ama y ésto sí es muy real, felizmente. Diez ciudades, diez pueblos y diez cielos distintos –Marsella, Montpellier, Tolosa, Tarbes, Lourdes, Pau, Bayona, San Juan de Luz, Hendaya, Irún– aparecen en la ventana del tren. Yo le tomo la mano, la beso y ya no me creo la última Coca-Cola del desierto. Maldiciendo, lo acepto. Y son colores al comienzo del viaje, y siempre. Veo la tarde polícroma, azules, lilas, bermellones, luego los Pirineos verdes. Ya llegamos a Bayona. Mañana iremos a España. De España, la verdad, sólo conozco el aeropuerto. Mi novela es mala, bien mala. Mis poemas son grandilocuentes y bastante malitos también. Ya lo sé. Ya lo sé y maldiciendo lo acepto. Pero sé también que debo seguir escribiendo, aunque deba perder a la mujer que amo y me ama. Esto siento. Siento que la voy a perder y me quedo perplejo. Ya llegamos a Biarritz. En Biarritz, amor, te acordarás, había ventisca helada ese día, nos azotaban los ramalazos del temporal, y ya no estabas con la última Coca-Cola del desierto. Cayó un inesperado granizo. Y yo, pensativo, miraba el Atlántico quebrándose, las casas barrocas, los palacetes helados, el Atlántico furioso que se rompía contra el Malecón, contra el faro y las iglesias ahora ten bellas, en la película del recuerdo. Es que también eso amaba, eso amaba también, lo siento. ¿Por eso te pusiste brava? ¿Porque yo amaba las crepitaciones del océano, la espuma crepitante y helada, la majestad del Atlántico en movimiento? Yo te tomé la mano y te besé, porque te estaba perdiendo. ¿Y aquella noche digna de recuerdo, en San Sebastián? En el barco gótico, húmedo, nocturno, de San Sebastián. Nosotros vamos por la calle San Lorenzo, por la calle San Juan, con mucho viento en el rostro, garúa fina y fría en el rostro, paraguas volteados, con amores truncos por dentro. Y yo estoy triste porque sé que se acaba lo nuestro, no feliz como anteayer, a medida que nos acercábamos a España y su música por dentro, con tantas palabras, palabras delirantes, cualquier cosa, una explosión de vocablos, frasco, ancla, brea, peña, badulaque, cualquier cosa delirante y en tropel, palabras que yo masticaba, deglutía y digería, palabras movedizas, palabras con su música por dentro. Mirándote, me puse un poco triste, un poco ausente, un poco sentimental. Y el océano bellamente furioso, negrísimo, negrísimo el pelaje de sus caballos en la herradura de aquella noche, San Sebastián. Te dio rabia el imaginar que te ignoraba, pero no, era otra cosa, de verdad. Junto con la visión de la noche y el océano, brotaron como un géiser las queridas palabras del idioma, palabras griegas, latinas, hebreas, árabes, cualquier cosa como un canto, alquimia, arrecife, párroco, cáliz, kirie, hosana, aleluya, liturgia, salmo, súplica, magnificat benedictus. Ahora, estabas furiosa por los asuntos de mi ebriedad, y yo cada segundo que pasaba te perdía más y más. La garúa persistía, a veces redoblaba. Dimos vueltas y vueltas por la calle Esterlín, por la calle Mayor, por la calle del Puerto, comiendo tapas tan ricas, tomando vino tan rico, de bar en bar. ¿Te acuerdas, amor, de aquel San Sebastián? Pero ya pasó tanto tiempo. No cambia el amor; cambian los nombres y los cuerpos. Pasan los meses, los años, los decenios, los siglos, los milenios y uno tiene nuevas visiones. Uno ve al propio Roderick, el último rey visigodo de España. Uno ve aquella biblioteca, aquella universidad en Córdoba la espléndida, donde podemos estudiar las matemáticas y la medicina, la filosofía y la literatura. Uno se encuentra con tipos como Aristóteles, Averroes, Maimónides, Avicena. Uno los encuentra de verdad. Uno habla con ellos de temas diversos. Uno pide audiencia al Alfonso X, también conocido como el Sabio, rey de León y Castilla, soberano del Santo Imperio romano germánico, y el Alfonso, como es sabio, nos recibe. No, no cambia el amor; cambian los rostros, los nombres, los cuerpos.
  Siglos después, enamorado de nuevo, enamorado siempre, estoy feliz en el tren rumbo a Barcelona, feliz de ir a España, feliz como cada vez que voy a España, pero un poco triste también, porque Camille no quiso venir, aunque casi la convenzo. ¿Porqué no quisiste venir, Camille Victor de Pujebet? Ya resignado por la pérdida de Alexandra, que me había choteado en Italia, mi delirio de amor perpetuo se había encaprichado, broder, con esa bella mujer, que nada quería conmigo, por cierto, y que anoche también apareció en ese sueño donde pierdo el pasaporte y las maletas.
  Después de perder a Alexandra, me siento como muerto, por eso voy a España también, donde resuscitaré si de verdad estoy muerto. Uno sube feliz al tren en Marsella. Uno sube triste al tren en Marsella, porque no viene Camille. Y de un constante oscilar entre alegría y tristeza, uno se queda como suspendido en el interregno. ¿Qué voy a buscar a España, esta vez? ¿Una mujer? ¿El amor, otra vez? ¿O eso que el broder llama « el surtidor »? Entonces, aún no podía saberlo. Pero sí, eso también. Un cántico y una mujer voy a buscar, otra vez y siempre, en la entraña y en el cuerpo sutil del idioma, en su alegoría de mujer, que España, virgen y puta, madre y santa, también lo es, con su música por dentro. Salutación íntima / Soy surtidor purísimo / brota a borbotones / el agua de mi doncel / ¿Quién es él? / Es príapo mortal / en mi salina canción / Hacia él voy con mis / olas frescas de luz / hacia él para nada / por su amor de mujer / Silencio fortuito / Sorbo de la fuente / de mi soledad / gotas fugaces en la dorada / piel de aquella desnuda / perfección / Imposible caricia / deliciosa amante / de mi amor búscala / entre sus delicados / brazos rodeando mi cuello. Uno come un sándwich-sánguche de queso con jamón, uno toma su vinito en el tren, uno está con ganas de vida nocturna, de almuerzos a las tres de la tarde, de fiesta. Esta vez, voy decidido a conseguir una buena edición del Ingenioso Hidalgo, con letras no tan chiquitas, con letras correctas, que hace tiempo tengo en lista de espera a don Miguel.
  Ahora me doy cuenta, broder, que aquella vez iba feliz a Barcelona porque tenía cita con Cervantes, con Dante, con Shakespeare, no estoy jodiendo. Como la visita anterior a Barcelona había sido un pajazo tan intenso –lectura parcial de La Divina Comedia en bilingüe–, pues tenía la intención de repetir el plato de carbonara + una paella + un roosbeef de la mejor categoría.
  Es probable que cada poeta, de nuestra lengua o no, tenga su propia España. Uno con más razón, naturalmente, uno que es nativo del habla enriquecida con nuestros injertos. Pienso que el propio Shakespeare tenía su España. Y me parece increíble que estos ilustres poetas, Cervantes y Shakespeare, hayan mancado el mismo año y el mismo día, el 23 de abril de 1616, pero no hablaremos de eso. En todo caso, broder, siendo desocupado y platudo, había decidido por fin leer a Cervantes, a Dante y a Shakespeare, ahora ya no tenía pretextos. Del Siglo de Oro, como cada quien, tengo mis preferencias. Sobre todo, la Picaresca; también, Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Miguel de Cervantes y Baltazar Gracián. Con el viejo brujo de Góngora, pese a su virtuosismo genial, no siento la menor afinidad, mejor dicho Nancy que Bertha. Por todo eso uno es feliz en el tren, por eso uno va casi silbando, y con un huevo de plata para rematar. En Tolosa, pienso con amor en el vino local, en la Plaza del Capitolio, en el río Garona, en las salchichas, en el cassoulet, en los colores de ladrillo y rosa, también en el famoso D’Artagnan. ¿Porqué pienso en D’Artagnan? No sé, pero pienso. En verdad, pienso en cualquier cosa y me cago de risa, es que tengo un huevo de plata en el bolsillo, realmente un huevo de plata, primera vez en la vida que tengo tanta plata, no puedo creerlo, es preciso celebrar. En efectivo, tres mil euros en billetes de cien y de doscientos. Y una flamante Visa Golden Card, lógicamente, esa que tiene un pájaro platinado en la parte superior derecha. « ¡Si tiene un pájaro, pues que vuele, carajo! », pienso feliz, imaginándo un buen hotel tres estrellas que conozco, en la Plaza del Pi. Y el tren avanza. Veamos. Me compraré una edición bilingüe de las obras de Shakespeare. Me compraré la edición más cara y más lujosa de la obra completa de Cervantes. Me compraré toda la Picaresca, en edición de lujo, con tapas de cuero de preferencia. Me compraré una Biblia de Jerusalén y un par de biblias –la católica y la protestante– de repuesto. En ediciones de lujo, por supuesto. Me compraré la obra completa de Jorge Luis Borges. Me compraré todo lo que no he leído de mexicanos, centroamericanos, cubanos y sudacas. Me compraré también... ya no sé qué mierda más comprar. Y siempre las mejores ediciones ¿eh? Nada de libritos de bolsillo ¿eh? Plata hay, lo que falta es tiempo para gastarla. Y el tren avanza. Ya llegando a Perpiñán, hablando en inglés con unas holandesas mamacitas, aumenta la felicidad. ¿Será que me sigo creyendo, luqueado ahora, la última Coca-Cola del desierto? Buscando mayor confort, pero también por dármelas de bacán, he subido en primera clase. El vagón linchecito, alfombrado, está lleno de respetables turistas alemanes, ingleses, holandeses, casi todos son cocharcas, menos las tres mamacitas made in Amsterdam que me han tocado en suerte. Ya casi asqueado de tanto comprar y comprar, pienso algo tristón en la rubia Camille. Y ya no sé cómo voy a traer tanto y tanto libro, de pronto tendré que mandarlos aparte, ir a  buscarlos después a la estación, pero ya veremos. ¿Por qué no quisiste venir, Camille Victor de Pujebet? Es que uno tiene su corazoncito, Camille, uno tiene su corazoncito, déjate de cojudeces. Además, como supe que me maleteaste por estar medio gordo, me flagelé. Si me vieras. Pasé un mes y medio full sauna, full gimnasio, full natación, full bicicleta, pescaditos a la plancha, legumbritas, verduritas, frutas, hectolitros de agua mineral, casi nada de trago, un par de copetines con las comiditas, nada más. Estoy como nuevo, Camille, he bajado ocho kilos, qué digo, ocho litros por lo menos. Te la estás perdiendo, Camille, el super hotel, el super carro alquilado, los super restaurantes, las discotecas de salsa, la joda y la fiesta. Full cachirulo y copetón (fornicatio & drink) con un sudaca mañoso, morbosón y full corazoncito, por cierto. Nada te dije de la plata, oh Camille. Sentí que era como hacer trampa, pero la verdad es que estoy más luqueado qu’el carajo, más luqueado que el propio Pato Lucas, que puedes llamarme Lucas Kid si quieres, que no soy tacaño como Rico Mc Pato y que hasta Lee Van Cleef, Sartana y Django me van a quedar chicos en Barcelona, de lo tanto que voy a disparar, Camille. Además, como te dije, ahora sí me dedico a escribir de verdad, todos los días, como los profesionales, estoy luqueado, ya no tengo pretexto. Y te cuento que de aquí no paro hasta el Premio Nobel, Camille, ¿te das cuenta? Eso te dije con el entusiasmo de la primera y, ay, única vez, mostrándote mi primer libro, recuérdalo. Te reíste, por supuesto. De pronto no me creíste, incrédula. No era para impresionarte, no, no, para nada, sino porque es muy cierto. Al menos en la intención. Y por simple lógica, te cuento. De modo que de verdad te la estás perdiendo. Al inicio de los tiempos, cuando mi sueño era ser futbolista, mi objetivo era el de Maradona niño, o sea ganar la Copa del Mundo, por supuesto. En cuanto a ser escritor, ¿cuál es el pecado si uno quiere ganarse el famoso Nobel ese? Es lo más lógico, Camille, algún día has de reconocerlo. Además, la Copa Nobel se la dieron a un escritor llamado José Echegaray, me acuerdo. Hasta hoy no entiendo cómo le dieron la Copa Nobel a un escritor como Echegaray, que ni siquiera fue futbolista, sinceramente no entiendo, Camille. Los tíos del Nobel sí que se pasan. Espero que para cuando vayan a dármelo, al menos ya tengan otros criterios más modernos. En consecuencia: si le dieron la Copa Nobel a Echegaray, que ni siquiera fue futbolista, ¿por qué no habrían de dársela a este habilidoso y corajudo puntero izquierdo? Plus logique que ça tu meurs, Camille Victor de Pujebet, estoy en lo cierto. Y el tren avanza. Pasa una chica empujando un carrito con sánguches, té, café, vino, chelas, refrescos. Pido una Heineken. Las mamacitas holandesas piden refrescos. Va, dal furor portata, maledetta, io ti lascio! Bella mia fiamma, addio! –pienso picón– ¡No quisiste venir con un futuro Copa Nobel! Sinceramente, no sé si te das cuenta. Ya no iré a esa simpática pensión, Camille, como la vez anterior, en la calle Portaferrisa, no, que hoy mismo me voy de telo telly savalas como el bacán de la película, al Hotel del Pi, al Hotel Lloret, a cualquier telo tres estrellas mínimo, un futuro Copa Nobel no merece menos. ¿Qué por qué no escribo un best-seller? Es que cualquier patín escritor dotado de cierto talento, podría escribir, si se lo propone, un best-seller, hasta yo. Una buena intriga con una historia de amor, de preferencia, con un super héroe y malos, gana el super héroe, de preferencia, o triunfa la justicia, la verdad, el amor, mimo Hollywood. Lo demás es asunto de muñeca. Por el momento, como estoy super luqueado, escribir un best-seller no me interesa. Además, lo que yo quiero es la Copa Nobel, que también tiene su receta. Para empezar, leer a todos los Nobeles desde el primero hasta que uno lo estime conveniente. Como bien sabes, Camille, de gustos y colores no se discute. Eso sí, cuando uno llega a Echegaray, al toque pasar al siguiente. Ah, Camille, espero que te des cuenta. ¿O será que te la das de bacán porque eres rubia, franchute y mamacita? No te olvides que te tiraste al ruedo, en varios rounds, y bien, con un futuro Nobel Prize, te cuento. Y el tren avanza. Ya en la frontera, mientras bajo por las escalinatas alfombradas de rojo, enceguecido por los ¡Flash! ¡Flash! ¡Flash! de los fotógrafos, bajo una lluvia de pica pica, con la Copa Nobel en alto, ñato de risa, buscando mamacitas suecas en la selecta concurrencia –estoy casado pero he venido solo, por supuesto, ni huevón o sacolargo que fuera–, buscando a los patas que han venido en mancha, preguntando dónde hay una super discoteca de salsa en Estocolmo, con la secreta intención de invitar mamacitas suecas, actrices porno de preferencia, el tren se detiene lentamente.
  –Oiga usted, documentos.
  Las mamacitas holandesas echan mano a sus pasaportes o pasapuertas.
  –Ustedes no, señoritas. Usted, le digo. Tú.
  Dije que no lo contaba porque me da roche, pero sólo te cuento el comienzo, broder, sólo el comienzo. Es el gordito medio brutal, el falso tío Carlos. Al ponerme de pie para buscar los pelpas, veo que el tombo es más chato que yo. El que lo acompaña como de lejos –se ve que manda el gordito– es un poco alto, flaco, desgarbado y un poco quijandría, pero parece buena gente.
  –Este no es usted –dice el tombo de la frontera y me devuelve la carte de séjour –. Muéstreme otro documento. Con foto. Su pasaporte. Tu pasaporte.
  La DNI franchute es vieja; efectivamente, en esa foto tengo el pelo largo y aparezco cachetón y gordo, con una vaga pinta de delincuente. Ahora, al verme con pelo corto, delgado, atlético, feliz y lozano, el tombo puede dudar por joder, o joder por joder y punto, como es el caso. Y como es el caso también, con esto de la Comunidad Europea, ya no se necesita pasaporte para ir a España o Italia, basta con mostrar, en caso de control como ahora, la DNI de residente en Gabacholandia.
  –No tengo, señor. Pero la identidad es fácilmente verificable.
  Lo miro bien. Este huevonazo no pertenece a la estirpe del gran Sancho ni por la panza, que Sancho era una hermosa persona y tan hombre de Dios como el Caballero. A la estirpe del otro Sancho, imposible, que Sancho es nombre de rey, y no de cualquiera, que Sancho II de Castilla tuvo a su servicio a un gran guerrero, y no a cualquiera, que se llamaba Rodrigo Díaz de Vivar. Para mi desgracia, lo miro con desprecio. « Guatón conchetumadre », pienso.
  –Tú, te bajas.
  Casi se me sale el indio, pero logré retenerlo. Y el tren ya no avanza. De otro vagón han hecho bajar, también, a un grone y a un moraveco. « Un negro, un moro y un sudaca », pienso. Nos quedamos los tres en el andén, con nuestras maletas, frente al tombo de la frontera. ¿Te acuerdas, Camille Victor de Pujebet? Si venía contigo, seguro ni me jode ni me baja ese conchesu. Ya no recuerdo si te lo conté; sino, ahora te lo cuento. Te cuento esa maldita pared, cuando no me dejaron entrar a España. En cuanto a tí, tombo de la frontera, te juro por mi madre que lo siento, conchetu. SIN VéRTEBRAS. CíRCULO D.M.

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